
Tarjetas de crédito se terminó el “efecto licuadora”
hay familias que no pueden pagar ni el mínimo | Neuquén mira desde otra realidad, pero la bomba social está encendida.
La señal que encendió las alarmas en el sistema financiero argentino no viene de los bancos, sino de las familias. Según los últimos datos del mercado, 1 de cada 10 usuarios de tarjetas de crédito ya no logra pagar ni siquiera el mínimo, un hecho que hasta hace pocos meses era prácticamente impensado.
Este quiebre marca el final del llamado “efecto licuadora”, ese mecanismo que durante años permitió que la inflación alta licuara el valor real de las cuotas. Pero con la inflación desplomada y los salarios frenados, las deudas dejaron de achicarse solas y comenzaron a convertirse en cargas inmanejables.
El nuevo escenario: las cuotas dejaron de diluirse
Lo explicó el periodista económico Pablo Wende, y el diagnóstico es contundente:
-
Las cuotas hoy pesan siempre lo mismo en relación al salario.
-
La inflación ya no “borra” la deuda.
-
Los préstamos personales tienen tasas del 150% al 170%, imposibles de sostener.
-
El que no paga el mínimo entra en un espiral de refinanciación, punitorios y recargos que terminan asfixiando cualquier ingreso mensual.
Para miles de familias, la tarjeta dejó de ser un puente financiero y pasó a ser una trampa.
Neuquén, una excepción… por ahora
Cuando se mira el país, la recesión del consumo es evidente. Pero Neuquén aparece con una dinámica particular:
Vaca Muerta sostiene un nivel de actividad que no se ve en el resto de Argentina.
La obra, los servicios, la logística y el movimiento de equipos le dan a la provincia una inercia económica que contrasta con la parálisis de los grandes centros urbanos.
Sin embargo, ese “oasis” tiene un costo:
-
El costo de vida neuquino es uno de los más altos del país.
-
Alquileres carísimos.
-
Supermercados con valores por encima de la media nacional.
-
Servicios y transporte con tarifas elevadas.
La industria mueve dólares y salarios altos, pero no toda la población trabaja en petróleo. Ese desfasaje empieza a generar tensiones sociales que no están siendo atendidas.
Una bomba social que nadie quiere ver
El dato del aumento en la morosidad de tarjetas no es solo financiero: es social.
Porque cuando una familia no puede pagar el mínimo, generalmente ya no llega a fin de mes. Y detrás vienen decisiones durísimas:
-
Recortar comida.
-
Dejar de pagar servicios.
-
Sacar a los chicos de actividades.
-
Dejar de comprar medicamentos.
En esa realidad, los usuarios de crédito se convierten en esclavos del sistema: más tasas, más punitorios, menos consumo y cero margen de maniobra.
Y mientras tanto, el Gobierno habla de poner más reglas y restricciones al crédito, lo que puede terminar de estrangular a un consumidor que ya no tiene aire.
Mirada macro: el Gobierno, sin colchón
Wende graficó la situación del Estado con una metáfora clara:
“El Gobierno no tiene colchón”.
Sin reservas y con un vencimiento de USD 4.300 millones en enero, la situación es tan vulnerable como la de una familia que se queda sin ahorros cuando se le pincha la rueda del auto.
¿Quién gana y quién pierde?
Ganan:
-
Los bancos, que aplican tasas altísimas y cobran punitorios récord.
-
Las fintech, que empujan microcréditos con intereses incluso mayores.
-
Las operadoras de petróleo y gas, que continúan facturando por la actividad de Vaca Muerta.
Pierden:
-
Los usuarios de tarjeta.
-
Los trabajadores que no tienen actualización salarial.
-
Los comercios que viven de un consumo que desapareció.
-
Las provincias sin industria.
Conclusión: estamos frente a una olla a presión social
La morosidad en tarjetas es apenas la primera señal.
Si la inflación no licúa las cuotas, si los salarios no suben y si el costo de vida sigue escalando —especialmente en regiones como Neuquén—, la explosión puede llegar en cualquier momento.
Argentina ya vio esta película. Y nunca termina bien.
Fuente: vmo