
Salarios que no alcanzan y una presión impositiva que no afloja
Desde el 1° de enero de 2026, miles de trabajadores petroleros volverán a quedar alcanzados por el Impuesto a las Ganancias, en un contexto que expone una contradicción cada vez más profunda.
Sueldos nominalmente altos, pero fuertemente erosionados por el costo de vida y una inflación que no se refleja en los ingresos reales.
De acuerdo a las nuevas tablas publicadas por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), un trabajador soltero y sin hijos comenzará a pagar Ganancias a partir de un salario bruto de $2.490.038, mientras que un casado con dos hijos quedará alcanzado desde los $3.302.179. En el papel, cifras elevadas. En la práctica, muy lejos de representar un ingreso holgado en ciudades como Neuquén capital, Añelo o Rincón de los Sauces.
Sueldos “altos” en la ciudad más cara del país
Neuquén se consolidó como la ciudad con mayor costo de vida de la Argentina. Alquileres dolarizados, alimentos por encima del promedio nacional, servicios colapsados y transporte deficitario conforman una realidad que no es contemplada por el esquema impositivo.
Para un petrolero que trabaja bajo diagrama, muchas veces con familia radicada en otra provincia, el salario se reparte entre alquiler, traslados, mantenimiento de dos hogares y gastos básicos que suben mes a mes. Sin embargo, Ganancias sigue calculándose como si todos vivieran en condiciones promedio, ignorando completamente el impacto territorial.
Paritarias que corren de atrás
El problema se agrava porque los salarios del sector no crecieron al ritmo del verdadero costo de vida. Las paritarias petroleras lograron en los últimos años sostener el poder adquisitivo frente al IPC general, pero no frente a la inflación real que se vive en Vaca Muerta.
En los hechos, muchos trabajadores mantienen los mismos sueldos reales desde hace meses, mientras el impuesto se actualiza automáticamente. El resultado es previsible: cada ajuste impositivo vuelve a “meter la mano” en ingresos que ya están ajustados al límite.
Menos retención… pero el problema sigue
Es cierto que las nuevas tablas del primer semestre de 2026 se ajustaron un 14,29% por inflación y que, en febrero, cuando se liquiden los salarios de enero, muchos empleados verán una menor retención o incluso una devolución si les descontaron de más en diciembre.
Pero el alivio es marginal. El fondo del problema persiste: el Impuesto a las Ganancias sigue funcionando como un impuesto al salario, especialmente en sectores intensivos en turnos, horas extra y adicionales por zona desfavorable, como el petrolero.
Ganancias y horas extra: el castigo silencioso
En Vaca Muerta, gran parte del ingreso se compone de horas extra, adicionales por rotación, nocturnidad y permanencia en yacimiento. Paradójicamente, cuanto más trabaja el petrolero, más paga Ganancias, sin que exista una diferenciación real entre salario básico y compensaciones por condiciones extremas.
Esto genera un efecto desmotivador: hay trabajadores que prefieren resignar horas o diagramas más exigentes para no “regalarle” el esfuerzo al fisco.
Un debate que nadie quiere dar
Mientras el país apuesta a que Vaca Muerta sea el motor de las exportaciones y del ingreso de divisas, el trabajador que sostiene esa producción sigue siendo uno de los más castigados por el sistema impositivo.
La discusión de fondo —una reforma integral del Impuesto a las Ganancias que contemple regiones, costo de vida y características del trabajo petrolero— sigue ausente del debate político y sindical.
En la cuenca neuquina, el malestar crece en silencio. Porque cuando el sueldo parece alto solo en los números, pero no alcanza para vivir, el problema ya no es el salario: es el sistema.
Fuente: vmo