
Récords que no alcanzan: el año en que el petróleo dejó a miles de trabajadores en el camino
Mientras Vaca Muerta celebra marcas históricas, el empleo petrolero se degrada, el convencional agoniza y crece una incertidumbre que nadie quiere nombrar.
Cerró un año que no fue bueno para los trabajadores petroleros.
Un año de puertas que se cerraron, de puestos laborales que desaparecieron en silencio y de familias que comenzaron a planificar el futuro sin certezas. Mientras por un lado Vaca Muerta rompía récords de producción, exportaciones y anuncios millonarios, por el otro se profundizaba una realidad incómoda: el crecimiento no está llegando a todos.
El petróleo argentino vive una paradoja. Nunca produjo tanto shale oil como en 2024–2025, pero nunca dejó tantos trabajadores fuera del sistema formal, especialmente en el convencional. La optimización de yacimientos maduros, la salida de grandes operadoras y la concentración del negocio llevaron a una consecuencia directa: menos equipos, menos contratistas y menos empleo.
El convencional ya no es negocio.
Eso no es una opinión, es una decisión empresarial y política. Y cuando el convencional deja de ser rentable, no solo se apagan pozos: se apagan pueblos enteros.
Catriel y 25 de Mayo miran hacia el oeste, hacia Vaca Muerta, con la esperanza de una reactivación que no llega. Santa Cruz y Chubut cargan con retiros “voluntarios” que de voluntarios tienen poco. Comodoro Rivadavia muestra indicadores oficiales de bajo desempleo, pero en la calle la sensación es otra: trabajo hay menos, y el que hay es más precario.
El problema no es solo cuántos trabajan, sino cómo trabajan y cuánto ganan.
El operario petrolero que sostenía una economía regional con su salario hoy es reemplazado por monotributo, changas, emprendimientos de subsistencia o empleo informal. La masa salarial se achica, el consumo cae y el impacto se siente en el comercio, en la construcción y en las pymes de servicios que fueron el corazón del entramado productivo petrolero.
A esto se suma una herida abierta: no hay un plan nacional para los trabajadores que quedan en el camino.
No hay un esquema claro de jubilaciones anticipadas.
No hay un fondo de desempleo real para quienes aceptaron retiros obligados.
No hay amparo cuando la indemnización se transforma, legalmente, en una “renuncia” que deja al trabajador sin derechos posteriores.
El mensaje es peligroso: arreglate solo.
Mientras tanto, el silencio del Gobierno Nacional frente a la incertidumbre del sector inquieta a todos. La situación internacional —con el conflicto energético, Venezuela en el centro del tablero y posibles impactos en el mercado regional— mantiene en alerta a empresarios, contratistas y trabajadores. Muchos tienen decisiones tomadas, inversiones en pausa y números sobre la mesa, pero falta una señal política clara que ordene el escenario.
A esto se suma otro factor que mantiene en vilo al trabajador: la reforma de las leyes laborales. Cambios que se discuten lejos del yacimiento, pero que impactan de lleno en el día a día del operario, en su estabilidad, en sus condiciones de trabajo y en su futuro previsional.
El petróleo argentino no puede medirse solo en barriles.
No alcanza con celebrar récords si detrás hay comunidades enteras degradándose. Una economía que no integra al trabajador no es sustentable, por más eficiente que sea en los papeles.
El 2025 deja una advertencia clara:
el empleo no desaparece de golpe, se erosiona.
Y cuando la erosión avanza, reconstruir el tejido social y laboral es mucho más difícil que reactivar un equipo parado.
El desafío está planteado. La pregunta es quién se hace cargo.
Fuente: vmo