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Trump pone el petróleo venezolano en el centro de su ofensiva regional

Washington exige “acceso total” al crudo y anticipa una cuarentena energética que vuelve a sacudir precios, geopolítica y el equilibrio petrolero en América Latina

Trump pone el petróleo venezolano en el centro de su ofensiva regional

Washington exige “acceso total” al crudo y anticipa una cuarentena energética que vuelve a sacudir precios, geopolítica y el equilibrio petrolero en América Latina

La captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos marcó un punto de inflexión político en Venezuela, pero el verdadero eje de la ofensiva de Washington quedó rápidamente expuesto: el petróleo. En apenas horas, el presidente Donald Trump dejó en claro que el objetivo estratégico de su administración es recuperar el control efectivo sobre uno de los mayores reservorios de crudo del planeta.

“Lo que necesitamos es acceso total. Acceso total al petróleo”, exigió Trump públicamente a la presidenta interina Delcy Rodríguez, en una definición que no dejó margen para interpretaciones diplomáticas. La frase, pronunciada a bordo del Air Force One, sintetiza el enfoque de la Casa Blanca: reordenar el mapa energético regional bajo liderazgo estadounidense.


Petróleo en “cuarentena” y presión directa sobre PDVSA

El mensaje fue reforzado por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien anunció que Estados Unidos mantendrá el petróleo venezolano “en cuarentena” hasta que las condiciones resulten beneficiosas para su país. Según explicó, existen fallos judiciales que habilitarían a Washington a retener buques petroleros venezolanos, una herramienta de presión inédita por su alcance económico y simbólico.

Venezuela produce actualmente cerca de un millón de barriles diarios, volumen limitado si se lo compara con su potencial, pero clave en un mercado global altamente sensible a cualquier alteración en la oferta. Durante 2023, casi el 70% de esas exportaciones tuvieron como destino China. Si esos flujos quedan temporalmente fuera del mercado, el impacto no será menor.

Para Rubio, el camino es claro: abrir el sector a compañías occidentales, excluir a actores como Rusia y China, y aprovechar la capacidad de refinación estadounidense en la Costa del Golfo, diseñada específicamente para procesar crudos pesados como el venezolano.


Cambio de régimen, no democracia

Las declaraciones del propio Trump dejaron al descubierto la narrativa que sostiene la intervención. Según el historiador venezolano Miguel Tinker Salas, el discurso sobre narcotráfico funciona como pretexto. “Trump mencionó el petróleo más de veinte veces y nunca habló de democracia”, señaló. Para sectores del Partido Demócrata, como Alexandria Ocasio-Cortez, la lectura es directa: “No se trata de drogas, se trata de petróleo y cambio de régimen”.

Desde Mar-a-Lago, el presidente estadounidense fue aún más explícito al prometer que grandes petroleras norteamericanas invertirán miles de millones de dólares para reconstruir la infraestructura energética venezolana, siempre y cuando el nuevo poder político acepte las condiciones impuestas por Washington.


¿Es viable la reapertura petrolera venezolana?

En el plano técnico y legal, las dudas son profundas. Juan José Carbajales, director del Instituto de Gas y Petróleo de la UBA, advierte que cualquier relanzamiento del sector dependerá de dos factores críticos: la transición política real y la resolución de los litigios internacionales en el CIADI con empresas como ConocoPhillips y ExxonMobil.

Hoy, solo Chevron mantiene operaciones activas en el país caribeño. Para otros analistas, el escenario es todavía más complejo. “Recuperar la industria petrolera venezolana requiere inversiones de magnitud billonaria y garantías políticas que hoy no existen”, advierte Tinker Salas. Sin estabilidad institucional, el desembarco masivo de capitales parece más una expresión de deseo que un plan inmediato.


Impacto en el mercado y nueva Doctrina Monroe

Paradójicamente, lejos de derrumbar los precios, la intervención podría impulsar al alza el valor del crudo en el corto plazo. La incertidumbre sobre la continuidad de la oferta venezolana —especialmente si se corta el flujo hacia China— introduce ruido en un mercado que ya convive con tensiones geopolíticas persistentes.

Este movimiento se inscribe, además, en una estrategia más amplia: una relectura moderna de la Doctrina Monroe, donde Estados Unidos busca reafirmar su influencia directa sobre los recursos estratégicos de América Latina. No casualmente, México, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y España rechazaron de manera conjunta cualquier intento de apropiación externa de recursos naturales.


Un mensaje para la región

El caso venezolano funciona como advertencia. El control de los recursos energéticos vuelve a ocupar el centro de la escena global, y las potencias están dispuestas a actuar sin eufemismos. Para países productores como la Argentina, el episodio refuerza una lección clave: el petróleo no es solo una mercancía, es una herramienta de poder.

Mientras Venezuela enfrenta una transición cargada de incertidumbre, el mercado toma nota. Y en ese tablero, cada barril —y cada decisión política— vuelve a pesar más de lo que muchos creían.

Fuente: vmo

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