
La Patagonia se planta y toma el control
Una obra estratégica para revertir décadas de abandono energético.
Con una alianza inédita entre Neuquén, Chubut y Río Negro, la Patagonia dio un paso firme hacia su soberanía energética al lanzar oficialmente la ampliación del Gasoducto Cordillerano. La obra beneficiará a 25 localidades y llevará gas natural a más de 12.000 hogares, escuelas y hospitales que, paradójicamente, están ubicados sobre el corazón energético del país… pero aún cocinan con garrafa.
El anuncio se concretó en Rawson, con la presencia de los gobernadores Rolando Figueroa, Ignacio Torres y Alberto Weretilneck, quienes firmaron el acta de inicio junto a Camuzzi y Enargas. La postal es histórica: tres provincias que se cansaron de esperar promesas desde Buenos Aires y decidieron avanzar con recursos propios.
El gobernador neuquino fue claro: “Mientras en Capital Federal siguen discutiendo, nosotros estamos haciendo. La energía es la verdadera libertad y esa energía la produce la Patagonia”. Su mensaje no sólo fue técnico, fue político: los pueblos que sostienen con gas y petróleo a la Argentina siguen esperando que llegue la red a sus casas.
Un proyecto con músculo patagónico
La inversión total ronda los 50 mil millones de pesos, con un esquema de financiamiento innovador: el Banco Provincia del Neuquén y el Banco del Chubut otorgarán créditos de $12.400 millones cada uno a Camuzzi. Río Negro, que no posee entidad bancaria propia, se suma gracias al respaldo de sus vecinos.
La ampliación incluye la instalación de dos nuevas plantas compresoras que permitirán ampliar la capacidad del sistema y garantizar el suministro durante los picos de demanda. La finalización está prevista para el invierno de 2026, con impacto directo en localidades como Villa La Angostura, San Martín de los Andes y Junín de los Andes.
Federalismo energético o autodefensa patagónica
El gesto de Figueroa, Torres y Weretilneck no es menor. En medio de un contexto nacional atravesado por el ajuste, los recortes y la desinversión, los gobernadores patagónicos decidieron dejar de pedir y empezar a hacer. Lo que se juega aquí no es solo gas domiciliario: es la reivindicación de décadas de inequidad energética, donde las zonas productoras veían pasar los caños... pero no el servicio.
Es también un mensaje al centralismo: mientras los recursos salen del subsuelo del sur, las decisiones siguen tomándose a espaldas de la gente que los produce.
Hoy la Patagonia toma la posta. No solo con discurso, sino con financiamiento, decisión política y gestión. El Gasoducto Cordillerano puede ser el primer paso hacia un nuevo modelo: donde la energía no sea solo exportación o recaudación, sino también justicia territorial.
Fuente: vmo