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¿Transparencia selectiva en Vaca Muerta?

El fin del monopolio de las mantas y el silencio sobre los demás

¿Transparencia selectiva en Vaca Muerta?

El fin del monopolio de las mantas y el silencio sobre los demás

Por Redacción VMO

En un movimiento que generó ruido en la industria petrolera, el gobierno de Neuquén desmanteló uno de los monopolios más escandalosos de los últimos años: el uso obligatorio y exclusivo de mantas oleofílicas para contener derrames. La decisión, oficializada a través de la Resolución 159/2024, marcó el fin de un negocio cerrado que por más de 15 años manejó una sola empresa bajo el amparo del Estado y con aval sindical.

No hay dudas: la medida es justa, necesaria y técnicamente coherente. El sistema anterior no existe en ninguna parte del mundo con estándares ambientales serios. Solo en Neuquén se había convertido en una obligación diseñada a medida para que una empresa —Environmental Services S.R.L.— facturara millones de dólares anuales sin competencia. Hoy, con el nuevo esquema, cada operadora deberá presentar un plan de contingencia propio, auditado y justificado.

Pero aquí viene la verdadera pregunta:
¿Por qué sólo se toca este monopolio y no los demás?

En Vaca Muerta hay decenas de negocios cerrados, contratos direccionados y proveedores únicos que se repiten una y otra vez en cada licitación. Empresas de catering, transporte, residuos, seguridad, alquiler de equipos, insumos, mantenimiento… muchos de estos servicios están controlados por grupos con nombre y apellido, sostenidos hace años por redes políticas, sindicales y empresariales que nadie quiere nombrar.

Mientras el gobierno sale a hablar de “profesionalización del Estado” y de “transparencia ambiental”, calla sobre los otros privilegios que siguen intactos. ¿Por qué no se revisan también esos contratos? ¿Dónde están las licitaciones públicas, la apertura a nuevas pymes regionales, la competencia real?

La carta que enviaron los trabajadores de Environmental Services al gobernador, reclamando por sus empleos, es válida en el plano humano. Pero también es cierto que el modelo de negocios que defendían estaba basado en una exclusividad artificial, sin justificación técnica, y con olor a privilegio. Si el fin es una Vaca Muerta más transparente, no podemos seguir sosteniendo estructuras pensadas para enriquecer a pocos.

Celebramos el fin del monopolio de las mantas, pero no alcanza. La transparencia no puede ser selectiva.
Si vamos a desarmar décadas de corrupción, que sea en serio.
Si el Estado quiere ser creíble como fiscalizador, primero debe dejar de ser cómplice en otros sectores.

Porque, si no, lo de las mantas será apenas un gesto simbólico, mientras el verdadero negocio sigue blindado.

Fuente: vmo

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