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El voto petrolero, entre la decepción y la resistencia

En las últimas elecciones quedó a la vista un fenómeno que sorprendió a propios y ajenos

El voto petrolero, entre la decepción y la resistencia

En las últimas elecciones quedó a la vista un fenómeno que sorprendió a propios y ajenos

una parte importante del voto petrolero se inclinó por la propuesta libertaria. La promesa de cambio, el discurso de la motosierra contra la “casta” y la ilusión de recuperar un país que produce riquezas pero condena a sus trabajadores a sobrevivir, caló fuerte en los yacimientos de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Sin embargo, a menos de un año, la realidad golpea más fuerte que cualquier eslogan de campaña. En los pasillos de los yacimientos, en los trailers y en los colectivos que trasladan a los turnos, la sensación generalizada es de decepción. Hoy, gran parte de esos trabajadores que apostaron por “la libertad” sienten que el voto fue en vano.

La motosierra que nunca apareció

En el campo petrolero nadie ve la motosierra prometida para terminar con privilegios. Al contrario: lo que sí se implementó es un trabajador 2.0, un modelo en el cual la tarea que antes hacían dos operarios ahora la hace uno. Menos personal, más carga laboral y un salario que siempre llega tarde a la inflación.

En Neuquén, donde un colegio privado cuesta entre 600 mil y 1 millón de pesos mensuales, ¿cómo se sostiene una familia petrolera con aumentos que rondan el 1% cuando la nafta, los alquileres y los impuestos suben con un cero más? La ecuación no cierra.

Una Patagonia arrasada

Las cuencas de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego ya vivieron en carne propia lo que significa un recorte sin anestesia: miles de familias expulsadas de la industria sin contemplaciones, ciudades golpeadas y una Patagonia arrasada. En Neuquén, si bien Vaca Muerta sigue siendo la columna vertebral de la economía argentina, el trabajador siente que el negocio es para pocos y el sacrificio para muchos.

La foto no es muy distinta a la que dejó el macrismo, aunque esta vez con mayor intensidad.

El voto petrolero cambia de color

Hoy, si se pregunta en el campo, la mayoría coincide: ese voto ya lo perdieron. Los petroleros saben que el trabajo también pesa a la hora de decidir en las urnas. Y en este caso, la balanza está del lado del desencanto.

Los empresarios aliados al cambio, que aprovecharon la flexibilización laboral de hecho, no ocultan su comodidad. Pero en los equipos, en las cuadrillas, en los galpones, se respira bronca y desconfianza.

La ausencia de representación

La Patagonia no sólo sufre por la economía: también lo hace por la política. Los candidatos que hoy buscan las bancas patagónicas provienen del mismo círculo de siempre. Ningún obrero, ningún cabecita negra, nadie que represente de verdad la voz del trabajador. Son nombres reciclados que hicieron carrera viviendo del Estado, lejos del barro de los equipos y de las madrugadas de viento en los yacimientos.

Un futuro que se juega en Vaca Muerta

La paradoja es que, mientras se multiplican los anuncios de exportaciones millonarias, oleoductos y proyectos de GNL, el trabajador de base no ve mejoras en su vida diaria. Vive la contradicción de ser parte de la industria que sostiene la economía nacional y, al mismo tiempo, estar cada vez más relegado.

En la práctica, la luz que se prometía al final del túnel terminó siendo un faro que ilumina sólo a unos pocos. El resto, los que perforan, los que producen, los que mantienen en pie los equipos, vuelven a sentirse usados como moneda de cambio en un tablero político que los ignora.

Fuente: vmo

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