
Añelo no es descartable
El reclamo de las pymes expone el abandono de las operadoras en Vaca Muerta.
El corazón de Vaca Muerta late cada vez más débil para quienes la hicieron crecer desde abajo. Mientras el discurso oficial celebra cifras récord de producción y exportación, la realidad que golpea a las pequeñas y medianas empresas locales —especialmente en Añelo— es muy distinta: abandono, desplazamiento y silencio.
La reciente declaración de emergencia productiva por parte de la Cámara de Empresas, Industria y Servicios de Añelo (CEISA) no es un capricho sectorial, sino una señal de alerta que nadie debería ignorar. La denuncia de precarización laboral, contratación directa de firmas foráneas sin arraigo, y la falta de cumplimiento de la Ley 3338 del Compre Neuquino, refleja un modelo extractivo que parece no querer dejar huella positiva en el territorio.
¿Qué está pasando en Añelo?
Añelo se pensó como polo de desarrollo, no como patio trasero de las grandes operadoras. Pero hoy la postal que describe CEISA es otra: trabajadores abandonados tras el retiro de contratistas, incremento de la presión sobre servicios municipales, aumento del consumo problemático y delictividad. ¿Esto también es parte del “éxito” de Vaca Muerta?
El presidente de CEISA, Raúl Martín, lo resumió de forma clara: "La situación es crítica. No se trata sólo de contratos, sino del futuro de Añelo como comunidad productiva y sostenible." Y tiene razón. El problema no es coyuntural, sino estructural.
La ausencia del Estado y el rol de las operadoras
En este contexto, llama poderosamente la atención el silencio tanto del Gobierno provincial como del nacional. ¿Dónde está el acompañamiento al tejido empresarial local? ¿Dónde están las respuestas ante el incumplimiento de normativas diseñadas para proteger la participación regional?
Las operadoras, mientras tanto, siguen operando. Sin rendir cuentas públicas sobre sus planes de inversión, sin incluir a las cámaras locales en sus decisiones, sin construir un verdadero esquema de desarrollo territorial.
La propuesta: una mesa real, no una foto más
Desde CEISA exigen lo mínimo y lo justo: transparencia, cumplimiento de la ley, y una mesa de trabajo donde las voces de Añelo tengan lugar. No para pedir subsidios, sino para construir una salida que deje algo más que pozos en la estepa. “Añelo no es un campamento petrolero”, advierten. Y lo repiten con razón.
Vaca Muerta no puede seguir funcionando como enclave colonial del siglo XXI. Si es motor de la economía nacional, debe también ser ejemplo de equidad, arraigo, y proyección social.
Las que se quedan cuando todos se van
Son esas pequeñas y medianas empresas de Añelo, Centenario, Rincón de los Sauces, Cutral Co o Zapala, muchas veces familiares, las que:
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Apuestan a largo plazo.
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Reinvierten todo en el territorio.
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Conocen el barro, el viento y el frío de la Cuenca Neuquina.
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Y aún así, siguen siendo las menos escuchadas al momento de adjudicar obras, concursos o grandes licitaciones.
Mientras tanto, otras empresas —a veces subsidiarias de grupos nacionales o multinacionales— llegan, precarizan, facturan, y desaparecen. Pero en la foto del evento o el anuncio político, están siempre al frente.
Tu observación merece estar en una bajada contundente de nota:
“Cuando las grandes se van, las regionales se quedan. Cuando hay contratos, son las primeras en quedar afuera. ¿Hasta cuándo seguirá esta doble vara en la tierra que promete energía para cien años?”
Fuente: vmo