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Neuquén, salarios bajo presión

Récord productivo, pero familias al borde del abismo.

Neuquén, salarios bajo presión

Récord productivo, pero familias al borde del abismo.

Neuquén atraviesa uno de los momentos de mayor actividad económica de su historia reciente. Vaca Muerta rompe marcas de producción, las operadoras baten récords de tiempos de perforación y el país celebra exportaciones que parecían imposibles una década atrás.
Pero mientras los números macroeconómicos brillan, los hogares neuquinos caminan cada mes como si lo hicieran en una densa neblina, sin saber si podrán evitar el próximo golpe.

La paradoja está a la vista: productividad récord, calidad de vida en retroceso.

El salario que nunca alcanza

Los trabajadores —incluidos los del sector petrolero, históricamente mejor remunerados— enfrentan un escenario donde la inflación fue más rápida que las paritarias, y el costo de vivir en la provincia más dinámica del país se transformó en un ajuste silencioso.

Los principales golpes al bolsillo neuquino:

  • Alquileres que suben en dólares disfrazados de pesos.

  • Impuestos provinciales y servicios que presionan como nunca.

  • Colegios privados con cuotas atadas a costos que no dejan de crecer.

  • Comida con aumentos mensuales que duplican o triplican la actualización salarial.

  • Créditos, tarjetas y moras que comienzan a aparecer como síntomas de un endeudamiento forzado.

Neuquén es la provincia que más crece, pero también una de las más caras del país. Y el salario real no lo sigue.
La cuenta es simple: cada vez se gana más… pero se vive peor.

Récord de producción… ¿récord para quién?

La bonanza energética no es pareja.
Las operadoras y los grandes jugadores financieros son quienes capitalizan los mejores márgenes.
Los trabajadores, en cambio, siguen corriendo detrás:

  • Vaca Muerta explica casi el 70% del petróleo nacional.

  • Neuquén produce 26% más de gas que hace cinco años.

  • Los tiempos de perforación están entre los mejores del mundo.

Sin embargo, las familias petroleras —las mismas que sostienen esa productividad— sienten que la ecuación se quebró.

Los salarios negocian contra un enemigo invisible: el atraso constante.
Las ganancias, en cambio, se concentran cada vez más arriba, lejos del barrio, lejos de la mesa diaria del trabajador.

Un faro apagado para el trabajador

Neuquén funciona como un enorme generador de riqueza para la Argentina, pero sin un faro que oriente a quienes realmente hacen el trabajo.
Cada hogar navega a ciegas, con temor a chocar:
temor a la deuda, al despido, a no poder pagar el alquiler, a no saber si diciembre traerá alivio o más incertidumbre.

Muchos ya naufragaron:
familias que no pudieron sostener el alquiler, que cayeron en mora escolar, que dejaron de tener obra social, que volvieron a vivir con padres o familias extendidas.
Una postal repetida y dolorosa.

Diciembre sin brillo

Llega diciembre, el mes que solía marcar cierre, reunión, celebración.
En este nuevo clima social, solo un 5% de los argentinos tiene margen real para festejar.
El resto mira la mesa navideña con más preocupación que ilusión.

Neuquén no escapa a la regla, aun siendo la locomotora energética del país.

Un país exhausto que necesita despertar

La Argentina llega golpeada, exhausta, sin liderazgos claros, sin referentes libres de sospechas o intereses cruzados.
Los trabajadores sienten que pusieron el cuerpo durante años… y que el sacrificio no valió la pena.

La energía, los hidrocarburos, el gas y el petróleo podrían ser el motor para transformar vidas.
Pero hoy ese motor no derrama, no alcanza, no equilibra.

Todavía estamos a tiempo de corregirlo.
Vaca Muerta puede ser una palanca de desarrollo real —no solo de cifras macro— si la política, las empresas y los gremios eligen un camino que incluya a los que están abajo.

El futuro no está escrito, pero diciembre marca un límite emocional:

O se construye una salida que contemple a los trabajadores, o la Argentina corre el riesgo de perder incluso a quienes aún sostienen la esperanza.

Fuente: vmo

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