
Vaca Muerta frente a su mayor prueba
Un barril más barato y márgenes al límite.
Los escenarios para 2026 anticipan un crudo en torno a los 50–60 dólares y obligan a la industria a recalcular inversiones, costos y estrategias de supervivencia
Ni la inflación, ni el tipo de cambio, ni siquiera el riesgo país. De cara a 2026, la variable que mantiene en vilo a las empresas que operan en Vaca Muerta es una sola: el precio internacional del petróleo. Y los números que empiezan a circular no son alentadores.
El Brent volvió a perforar el umbral de los 60 dólares por barril, replicando un escenario que ya se había visto en abril, cuando la escalada arancelaria impulsada por Donald Trump desató una fuerte corrección en los mercados. El valor actual se acerca a los mínimos registrados durante la pandemia y encendió señales de alarma en toda la cadena hidrocarburífera argentina.
Un golpe desigual según el tipo de operación
El impacto de un barril barato no es homogéneo. Las operadoras del convencional, con estructuras de costos más rígidas y yacimientos maduros en declino, son las más expuestas. Muchas de ellas ya transitan una rentabilidad mínima y, de no haber sido por la eliminación de los derechos de exportación, estarían directamente en terreno negativo.
En el caso del shale neuquino, la situación es menos crítica pero igualmente delicada. Las compañías todavía conservan margen operativo, aunque con una diferencia clave respecto a sus pares estadounidenses: menor espalda financiera. Un período prolongado de precios deprimidos implicaría menor flujo de caja y, casi inevitablemente, una desaceleración en los planes de inversión y en el ritmo de crecimiento productivo.
Los pronósticos que inquietan a la industria
Las principales consultoras y bancos de inversión coinciden en que 2026 será un año de precios bajos:
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S&P Global proyecta escenarios con pisos cercanos a los 50 dólares por barril.
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La EIA de Estados Unidos estima un Brent en torno a 55 dólares y un WTI cercano a 51 dólares.
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JP Morgan y Goldman Sachs manejan un rango algo más moderado, entre 56 y 58 dólares.
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Los mercados de futuros, por su parte, descuentan valores promedio apenas por encima de los 60 dólares.
En todos los casos, se trata de precios entre un 25% y un 37% inferiores al promedio de 2024, cuando el barril rondó los 80 dólares. Una corrección de esa magnitud tiene efectos directos sobre la actividad, especialmente en una cuenca que aún se encuentra en fase de expansión intensiva.
El efecto arrastre sobre el GNL
El impacto no se limita al petróleo. Los proyectos de gas natural licuado (GNL) también sienten el golpe, ya que sus contratos suelen estar atados a fórmulas que combinan el Brent con referencias internacionales como Henry Hub, TTF y JKM.
Para 2026, los futuros del TTF europeo y del JKM asiático se ubican en torno a los 9,2 dólares por millón de BTU, una caída de entre el 21% y el 25% respecto de 2025. La única excepción sería el Henry Hub, que muestra una suba proyectada del 13%, hasta los 4 dólares, aunque sin compensar completamente la baja global del gas.
La oportunidad dentro de la crisis
No todo es negativo. Como señaló Horacio Marín en el cierre del año de YPF, los costos de perforación y completación suelen ajustarse a la baja cuando cae el precio del crudo. Esto abre una ventana de oportunidad para las empresas con solidez financiera, que podrían sostener actividad, ganar eficiencia y posicionarse mejor para el próximo ciclo alcista.
Con la mirada puesta en 2027 —año en el que entraría en operación el oleoducto VMOS y se habilitaría un salto en las exportaciones— varias compañías ya comenzaron a reordenar su estrategia.
Algunas buscan aprovechar la mejora en el acceso al financiamiento externo, con emisiones de deuda a tasas más competitivas, en un contexto donde el mercado volvió a abrirse para la Argentina. Otras, como YPF y Pluspetrol, optaron por vender activos no estratégicos, desprendiéndose de bloques convencionales o participaciones en empresas como Profertil y Metrogas para reforzar caja y concentrarse en Vaca Muerta.
Un 2026 de resistencia
El mensaje que se impone es claro: 2026 no será un año de expansión acelerada, sino de resistencia y selección. Las compañías que logren atravesar un ciclo de precios bajos con disciplina financiera, reducción de costos y foco en activos de alta productividad llegarán fortalecidas al próximo rebote del mercado.
Vaca Muerta sigue siendo competitiva a escala global, pero el contexto internacional vuelve a recordar una verdad básica de la industria: cuando el barril cae, la eficiencia deja de ser una ventaja y pasa a ser una condición de supervivencia.
Fuente: vmo