
Convencional en terapia intensiva: Neuquén perdió 7 de cada 10 barriles en una década
El desarrollo de los no convencionales llevó a Neuquén a batir récords de producción, pero detrás del brillo shale se esconde una caída histórica: en una década, el convencional perdió más del 70%.
El lado oculto del récord neuquino
Neuquén es sinónimo de Vaca Muerta. Cada informe habla de récords de producción, inversiones millonarias y exportaciones crecientes. Sin embargo, detrás de ese auge se esconde una realidad que quedó fuera del foco: la provincia también lidera el ranking nacional en caída del petróleo convencional.
En 2014, cuando recién arrancaba el acuerdo YPF–Chevron en Loma Campana, la producción neuquina promediaba 105.000 barriles por día, de los cuales 9 de cada 10 provenían de campos convencionales. Diez años después, el escenario es opuesto: en 2024 la provincia produjo 413.000 barriles diarios, pero apenas 25.600 correspondieron al convencional. En otras palabras, solo 6 de cada 100 barriles.
El desplome es categórico: una baja del 71,5% en la última década, prácticamente el doble del promedio nacional.
Una cuenca que perdió el equilibrio
El caso neuquino es extremo, pero no aislado. Río Negro, La Pampa y Mendoza también sufrieron el “efecto aspiradora” de Vaca Muerta.
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Río Negro pasó de 37.700 barriles por día en 2014 a 19.700 en 2024. En el convencional, la caída fue del 51,4%.
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La Pampa redujo su producción casi a la mitad: de 24.300 barriles diarios a 12.500.
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Mendoza, con una política más activa de incentivos, logró amortiguar la baja a apenas un 10,5% en diez años.
La comparación es elocuente: mientras Neuquén lideró la revolución del shale, su convencional se desplomó a un ritmo sin precedentes.
Empresas pequeñas, crisis grandes
La migración de las grandes operadoras hacia Vaca Muerta dejó al convencional en manos de empresas chicas y medianas, muchas con serios problemas financieros.
En los últimos meses se multiplicaron los casos de concursos preventivos, defaults y hasta quiebras, como la de President Petroleum en Río Negro. Otras compañías, como Aconcagua Energía y Crown Point, enfrentan tensiones similares.
En Neuquén surgieron nuevos jugadores tras la venta de áreas de YPF, como Bentia Energy (del exministro Javier Iguacel) junto a la neuquina Ingeniería SIMA, o Oilstone, que espera prórrogas de concesiones. Pero en todos los casos se trata de un negocio de bajos márgenes, altos costos y regalías más exigentes que las del shale.
Regalías: la paradoja de los incentivos
La política fiscal también marcó la cancha. Mientras la Ley 27.007 fijó regalías reducidas del 12% para el no convencional, los convencionales siguen pagando el 15%. Resultado: los desarrollos más rentables pagan menos que los que agonizan.
Mendoza entendió la lógica inversa: aplicó rebajas personalizadas y logró no solo frenar la caída en algunos yacimientos, sino hasta incrementarla en otros. Chubut y Santa Cruz siguieron un camino parecido con planes de incentivo.
Neuquén, en cambio, volcó toda su energía en Vaca Muerta y dejó sin estímulos a los campos maduros, que hoy sobreviven con lo justo.
Un sector con trabajadores en riesgo
El derrumbe del convencional no es solo un problema empresarial: detrás hay miles de trabajadores que dependen de estas operaciones. Desde el sector reclaman políticas de fomento específicas, que permitan sostener la actividad y, al menos, desacelerar el declino.
Sin estímulos claros, el convencional corre riesgo de convertirse en un recuerdo de museo, con consecuencias directas sobre el empleo y la economía regional.
Editorial: Vaca Muerta no puede tapar todo
El boom shale es, sin dudas, la gran carta energética de Argentina. Pero no debería ser excusa para condenar al convencional al olvido. Neuquén, que lidera la producción nacional gracias a Vaca Muerta, también encabeza la peor caída histórica de su petróleo tradicional.
El desafío que queda en la mesa para gobiernos y empresas es claro: impulsar el futuro sin destruir el pasado. El convencional aún tiene vida, y con políticas de fomento puede seguir generando producción, empleo y desarrollo. Ignorarlo sería repetir un error que ya se pagó demasiado caro.
Fuente: vmo