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Argentina 2026: faltan ingenieros, sobran barreras y el talento se importa

Mientras el 68% de las empresas tecnológicas en Argentina asegura que no consigue el personal que necesita, el problema ya dejó de ser coyuntural y pasó a ser estructural.

Argentina 2026: faltan ingenieros, sobran barreras y el talento se importa

Mientras el 68% de las empresas tecnológicas en Argentina asegura que no consigue el personal que necesita, el problema ya dejó de ser coyuntural y pasó a ser estructural.

No se trata solo de salarios, ni de ciclos económicos, ni siquiera de falta de interés de los jóvenes. El cuello de botella está en el modelo de formación, en los tiempos del sistema educativo y en una contradicción cada vez más evidente: el país demanda ingenieros, pero no logra producirlos al ritmo que exige la economía real.

Los datos de ManpowerGroup confirman el diagnóstico. A comienzos de 2026, casi 7 de cada 10 empresas IT declaran dificultades severas para cubrir posiciones clave. Aunque el número mejoró levemente frente a 2024, la escasez sigue siendo crítica. Al mismo tiempo, las expectativas de contratación se enfrían: la Expectativa Neta de Empleo cayó a +10%, muy por debajo de otros países de la región. Brasil, por ejemplo, proyecta un crecimiento del +58%.

El mensaje del mercado es claro: hay demanda de talento, pero las empresas dudan, ajustan, automatizan y miran con lupa cada incorporación.


Ingeniería: el corazón del problema

Cuando se analizan las habilidades más difíciles de conseguir, Ingeniería aparece primera, con el 25% de las menciones. Le siguen IT y análisis de datos (23%), operaciones y logística (22%) y manufactura (15%). Es el mismo patrón que se observa en sectores estratégicos como energía, minería, oil & gas e industria, donde la falta de perfiles técnicos ya impacta directamente en la productividad.

Y aquí aparece una de las grandes tensiones del modelo argentino.

En Argentina, formarse como ingeniero lleva en promedio entre 6 y 8 años reales, si se consideran los tiempos efectivos de cursada. En paralelo, el mercado laboral —globalizado y competitivo— no espera. Empresas locales y multinacionales recurren cada vez más a profesionales formados en el exterior, muchos de ellos con títulos obtenidos en 2 o 3 años, bajo esquemas educativos más cortos, flexibles y orientados a la práctica.

La paradoja es incómoda pero real:
👉 Argentina sostiene uno de los sistemas de ingeniería más largos y exigentes de la región,
👉 pero termina importando talento para cubrir vacantes críticas.


La universidad resiste, pero no alcanza

La UTN, principal cantera de ingenieros del país, muestra un dato alentador: las inscripciones crecieron 9% en 2025, con casi 35.000 aspirantes. Sin embargo, el problema no está en el ingreso, sino en la llegada.

Las cifras son duras:

  • De cada 600 a 1.000 ingresantes, solo 5% a 10% se gradúa en tiempo y forma.

  • En algunas facultades, el resultado es aún más crítico: 40 o 50 graduados por año frente a cohortes iniciales que superan los 1.000 estudiantes.

El sistema pierde talento por el camino. No porque falte capacidad, sino porque la estructura académica expulsa: planes extensos, alta carga teórica, baja articulación con el mundo productivo y estudiantes que deben trabajar para sostenerse.


Empresas: formar puertas adentro o resignarse a no crecer

Frente a este escenario, las compañías no esperan milagros:

  • 29% apuesta al upskilling y reskilling interno.

  • 20% flexibiliza esquemas laborales.

  • Solo 18% confía en incorporar talento externo, cada vez más caro y escaso.

Como explicó Marcelo Roitman, de Experis Argentina, las organizaciones están revisando sus decisiones con cautela. Pero el trasfondo es más profundo: sin talento técnico, no hay competitividad, ni en software, ni en energía, ni en industria pesada.


El debate que Argentina evita

La pregunta incómoda ya está sobre la mesa:

¿Tiene sentido sostener carreras de ingeniería con duraciones reales de casi una década, mientras el mundo avanza con modelos más cortos, modulares y orientados a la práctica?

No se trata de bajar el nivel, sino de repensar el formato. Certificaciones intermedias, trayectos escalonados, mayor vínculo con empresas y reconocimiento de competencias podrían ser parte de la solución.

Porque si no, el escenario 2026 será cada vez más frecuente:

  • Empresas que quieren crecer y no pueden.

  • Proyectos estratégicos demorados.

  • Talento local que abandona.

  • Y un país que, paradójicamente, termina importando ingenieros mientras forma pocos propios.

El déficit de talento ya no es solo un problema del sector IT. Es una señal de alarma para todo el modelo productivo argentino.

Fuente: vmo

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